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Historia de los motores de búsqueda (I)

Aunque parece que fue ayer, lo cierto es que Internet, tal y como lo conocemos hoy, ya lleva más de dos décadas entre nosotros. Han sido más de 20 intensos años en los que la Red de redes ha sufrido todo tipo de transformaciones, con el fin de adaptarse a las cambiantes necesidades de los internautas. Y entre ellas, destacan aquellas que han hecho evolucionar un elemento indispensable para los usuarios, y que ha condicionado enormemente las acciones de inbound marketing: los motores de búsqueda.

Desde InboundCycle, echamos la vista atrás para repasar cómo ha sido este proceso. Y para ello, iniciamos el primero de una serie de tres posts dedicados a este tema. En el de hoy, nos ocuparemos de los primeros motores, desde su irrupción en el mercado hasta la aparición de una compañía californiana llamada a revolucionar el sector: Google, que tuvo lugar en 1998.

Pero pongámonos en situación antes de empezar. De hecho, seguro que aún recuerdas las primeras páginas web a las que accediste: difíciles de cargar, con una única tipografía —por lo general, la Times New Roman— y repletas de iconos que giraban sobre sí mismos sin orden ni concierto. Una apariencia que poco o nada tiene que ver con la de los portales más actuales. Y lo mismo se podría decir de los motores de búsqueda que dominaron Internet durante los años noventa.

¿Cómo eran los primeros buscadores en Internet?

hispavista logoPor aquellas fechas, se trataba de herramientas mucho menos potentes que las actuales. Algo que, por otro lado, tampoco representaba un gran problema, puesto lycos logoque el volumen de información existente en la Red también estaba a años luz del actual.

En aquel escenario, un pequeño grupo de buscadores se repartían el pastel. Así, firmas como Altavista, Excite, Hispavista, Lycos o Yahoo! se convirtieron en las herramientas más populares en la era pre-Google.

          altavista logo        yahoo logo            excite logo

Aunque con pequeñas diferencias entre ellos, todos estos motores tenían un rasgo en común, ya que realizaban sus búsquedas tomando como referencia un único criterio: el contexto. ¿Qué implicaba esta característica? Para dar una explicación lo más sencilla posible, podría decirse que los buscadores rastreaban la Red y clasificaban las páginas en función de las veces que contenían las palabras clave introducidas.

Es decir: si alguien llevaba a cabo una búsqueda, los motores intentaban determinar en qué páginas de Internet aparecía más veces ese término. Por lo tanto, lo que primaba era la densidad de palabras clave que contenía cada página.

Ahora bien, ¿por qué seguían este criterio? En este sentido, no hay que perder de vista que existe una correlación entre las veces que aparece un término en una web y la importancia que adquiere en este site el tema que nos interesa. Lo veremos mejor con un ejemplo: si una web contiene varias veces la palabra capitel, es porque probablemente está vinculada a temas como la arquitectura o el arte.

Asimismo, hay que tener presente que ofrecer los resultados de búsqueda en función del contexto supone seguir el criterio más sencillo y fácil de automatizar, por lo que no es extraño que todos los buscadores estuvieran cortados por el mismo patrón.

En cualquier caso, esta circunstancia generaba un gran problema, ya que el criterio para determinar qué contenidos online eran los más relevantes no se adecuaba a la realidad, creando así una cierta distorsión. De hecho, no era difícil percatarse de que muchas empresas de prestigio no aparecían en los resultados de búsqueda en Internet. Y viceversa: con frecuencia, empresas modestas o poco conocidas conseguían que su web se colara entre los primeros resultados de búsqueda. Un logro que quedaba al alcance de cualquiera (siempre y cuando supiera rodearse de un buen equipo de informáticos, claro).

Sin embargo, este no era el único talón de Aquiles del Internet de los noventa: por aquel entonces, el mercado estaba copado por un reducido número de buscadores de los que nadie sabía sacar rendimiento económico.

Este cúmulo de circunstancias dibujaron hasta el inicio del siglo xxi un escenario caótico que no tardaría en desmoronarse tras la llegada de un nuevo e inesperado invitado: Google.

El nacimiento de las agencias de SEO

Durante la década de los noventa, Internet se convirtió en un gran campo de pruebas para las empresas tecnológicas, que vieron en la Red un filón que valía la pena explotar. Es en estas fechas cuando aparecen y se consolidan los primeros buscadores.

Como hemos comentado antes, en sus primeros años estos motores actuaban siguiendo un único criterio de búsqueda: el contexto. La mecánica era simple: cuantas más veces apareciera una palabra en una web, más posibilidades tenía este site de posicionarse entre los primeros resultados de una búsqueda relacionada con este término.

Las empresas dedicadas a la creación de páginas web fueron las primeros en percatarse de esta circunstancia… y en hacer de este mecanismo una nueva y lucrativa forma de negocio. A partir de entonces, no sólo diseñarían portales para sus clientes, sino que también les ofrecerían la posibilidad de posicionarlos en los principales buscadores. Este proceso, conocido como optimización, no tardaría en ponerse de moda.

Este método de trabajo prácticamente carecía de secretos: teniendo en cuenta tanto el criterio que utilizaban los buscadores, se modificaba la estructura de estos portales para alterar los resultados que ofrecían los motores de búsqueda de manera natural. Estas primeras compañías especializadas en mejorar la visibilidad de una web en Internet muy pronto serían conocidas como agencias de SEO (siglas de search engine optimization, o posicionamiento en buscadores).

SEO para empresas: aplica el SEO en tu estrategia de marketing online

Así era su metodología de trabajo

Para poder optimizar cualquier web, estas empresas necesitaban que sus clientes les proporcionaran dos informaciones fundamentales: cuáles eran las palabras que consideraban más importantes para su negocio y con qué palabras clave les gustaría aparecer en los resultados de las búsquedas.

Una vez obtenidos estos datos, las agencias de SEO modificaban las páginas web de sus clientes para que se situaran entre los primeros resultados ofrecidos por los motores de búsqueda. Y conforme éstas ganaban visibilidad en Yahoo! o Lycos, también lo hacían el padre de la criatura: las florecientes agencias de posicionamiento, que no tardaron en hacerse con un prometedor y jugoso mercado.

Tan rentable resultaba este negocio que muchas firmas no dudaron en aparcar el diseño de webs para centrarse en exclusiva en las estrategias de SEO y seguir de cerca cómo evolucionaban los motores de búsqueda.

Sin embargo, estas agencias también se enfrentaban a algunas restricciones restricciones a la hora de optimizar un site. Entre éstas, destacan las siguientes:

  1. La necesidad de no incluir demasiadas veces una palabra en una web, ya que se corría el riesgo de que los contenidos de la web dejaran de tener sentido o de ser comprensibles para el usuario.
  2. Conservar un orden lógico en la estructura de la página web.

De hecho, cuando las páginas estaban demasiado optimizadas, llegaban hasta el punto de tener una apariencia extraña. De ahí que muchas veces fuera el propio cliente quien se veía en disyuntiva de elegir entre un buen posicionamiento en los motores de búsqueda u ofrecer contenidos de calidad.

Una situación que hoy puede parecer inverosímil, pero que hasta la consolidación de Google formó parte del día a día de las agencias de SEO. Un nuevo negocio que parecía tejer la Red a su antojo, pero cuyo poder se evaporó con el cambio de siglo… y de las reglas del juego.

By Pau Valdés

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