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Los primeros pasos de un emprendedor en el área del marketing

emprendedor startupA nadie se le escapa que el mundo emprendedor está en pleno auge: los avances tecnológicos y la globalización han hecho que vivamos una época dorada para las start-ups. Además, cada vez hay más incubadoras para nuevas empresas, más espacios de trabajo colaborativo o coworking, más herramientas para los emprendedores…

Pese a todo, las estadísticas aseguran que 9 de cada 10 nuevos productos fracasan, y entre los que funcionan, el 66% han tenido que modificar su estrategia inicial. En otras palabras, el producto final poco o nada tenía que ver con la forma en que se planteó.

Marketing para startups: planifica el marketing online de tu MVP

Teniendo en cuenta estos datos, ¿quién se atreve a poner en marcha un nuevo negocio?

Para dejar de banda estos temores, lo primero que hay que hacer es desterrar la típica imagen del emprendedor visionario que vive encerrado en un garaje durante meses con el propósito de crear un producto, preocupándose hasta del más mínimo detalle. De hecho, lo que debe hacer un emprendedor es salir a la calle cuanto antes para mostrar su producto desde el primer momento, sin esperar a que esté finalizado. En este sentido, hay que hacer caso del consejo de Javier Megías, experto en start-ups y modelos de negocio: “La verdad está ahí fuera, y no en tu business plan”.

En cualquier caso, no hay que engañarse: en un contexto de crisis económica como el actual, emprender dista mucho de ser fácil. Además, las noticias sobre empresas que se ven obligadas a cerrar o sobre emprendedores con problemas para sacar adelante sus ideas tampoco animan a embarcarse en una start-up. De ahí que cada vez sean más quienes optan por presentar su producto cuando éste está totalmente acabado y perfeccionado. Ahora bien, ¿es ésta una buena idea?

Sin duda, el principal problema de este planteamiento es que no nos ayuda a reducir nuestra incertidumbre ni a sentirnos más cómodos. Sin embargo, lo cierto es que esta incertidumbre será la compañera de viaje del emprendedor durante mucho tiempo y, por lo tanto, lo mejor será acostumbrarse a ella cuanto antes. E incluso, aprender a jugar con ella. Y el modo más rápido de conseguirlo no es otro que salir de la oficina lo antes posible. A la hora de lanzar una nueva empresa, la clave no reside en mejorar la rentabilidad, sino en encontrar cuál es el modelo más adecuado. El emprendedor ya tendrá tiempo de dar con la manera de crecer, pero de entrada, hay que adaptarse de forma constante al mercado.

Esto sólo se consigue abandonando las cuatro paredes que proporcionan seguridad y confort y poniéndose delante del cliente rápidamente. Siguiendo esta sencilla regla, el emprendedor podrá conocer dónde se reúne su público potencial y cuándo, qué es lo que le mueve, en qué contexto consumen, cuál es su opinión sobre el producto que queremos sacar al mercado y otros muchos aspectos que no figuran en el plan de negocio. Esto no significa otra cosa que poner en marcha un plan de marketing para la startup, que en un principio pondrá el foco en 2 de las 4 Ps del marekting mix: Producto y Promoción.

En resumen: se trata de cambiar las opiniones por hechos cuanto antes.

El perfil del emprendedor

Este propósito supone que el emprendedor debe adoptar un papel totalmente opuesto al del visionario que vive enfrascado en su producto y que no sale a vender. Por lo tanto, su perfil debe situarse a medio camino entre un científico y un comercial: hay que ponerse la bata para trabajar desde dentro y la corbata para enfrentarse al exterior.

Con relación a esta última faceta, el nuevo empresario tiene que vencer el miedo y enfrentarse a la realidad, hasta el punto de ser capaz de vender algo que todavía no está acabado. Ésta es la primera regla para cualquier emprendedor: si se tiene plena confianza en una idea, siempre acabará apareciendo alguien dispuesto a darle una oportunidad.

En este contexto, el miedo escénico a la hora de salir a vender es totalmente comprensible, así como los recelos que el empresario puede sentir ante un producto que aún no está terminado. No obstante, es indispensable superar estos recelos, porque vender es imprescindible para sacar adelante una start-up. El éxito pasa siempre por la facturación.

Pero si las ventas son importantes, no lo es menos la necesidad de medir. La fe mueve montañas, y la visión del emprendedor y su capacidad de liderazgo pueden convencer a muchos para que se unan a la aventura. Pese a todo, esta visión es algo intangible, por lo que el empresario necesita transformarla en algo palpable, es decir, en datos o métricas. Y es que, como decía Peter Drucker (1909-2005), “Lo que no se puede medir, no se puede gestionar”.

Y aquí radica la importancia de medir y cuantificar todo aquello que esté relacionado con el nuevo producto, con el objetivo de cambiar y experimentar. Como ocurre en el reino animal, la capacidad de adaptación de la empresa al medio será clave: en función de la información recabada, el producto se acomodará al mercado.

Los primeros pasos de una nueva empresa

A todas estas consideraciones, hay que añadir los dos grandes momentos o fases de cualquier start-up:

  • Fase de adaptación del producto al mercado (o fase de descubrimiento). En ella, el propósito es determinar si contamos con un producto que tendrá salida en el mercado y con un público con voluntad de adquirirlo.

  • Fase de crecimiento. Cuando la empresa ha adaptado su producto hasta constatar que hay personas interesadas en él, conviene identificar cuál es problema que se quiere solventar, y si la solución que da la empresa es válida. Sin embargo, esto sólo se podrá demostrar cuando haya un cliente dispuesto a pagar por el producto en cuestión o a utilizarlo. Más adelante, ya se verá cómo sacar rendimiento económico a la actividad de la empresa.


Todo esto es lo que trata de explicar el método lean start-up, entendido como una serie de procesos y herramientas que necesita cualquier emprendedor para variar su plan inicial tantas veces como sea preciso, y sin quedarse sin recursos económicos. Y para ello, nada mejor que conseguir un aspecto clave: el llamado producto mínimo viable (en inglés, minimum viable product o MVP), del que nos ocuparemos a continuación.

By Alexis Roqué

Crédito imagen: kibsri 

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Equipo InboundCycle

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